lunes, 13 de agosto de 2012
Adiós
"Me refiero a ti como acabose o principio del mismo. No preguntes que hoy no sabría hablar, ni cifrarte, ni cuadrarte, ni rimarte, ni mirarte, ni mirarme. Lo que digo es que la vida no me dio elección alguna, ni siquiera oportunidad para hacerte llegar el mensaje de todos mis horizontes, y que si la tuviera no la desperdiciaría mezclando letras, te llevaría directamente a mi horizonte. O quizá él acudiría a ti, al horizonte de tu cintura donde día y noche se suceden al mismo tiempo. Terriblemente el adiós es una quimera oxidada, pero igualmente viva. Adiós tengo que decirte porque no callo cuando no me hallo, cuando de una manera que no comprendo me resbalo en tu pelo que acaba donde comienza el estrecho de tu cuerpo. El adiós es quimérico, pero necesario. El adiós es miedo, y en su verbo temer. Necesito vivir sin preguntarme por qué pieles habitas, por qué mares te pierdes. Necesito vivir, quizá se reduzca a eso, a vivir -hermoso verbo-. Necesito no hacerte escritura, intentar derribar el tabique que sostiene todos mis pensamientos. Necesito dejar mis ecos, que son tuyos, y las palabras mías, que las posees. Siempre serás el cuerpo donde golpearé con mis anhelos, y yo quizá su sombra."
viernes, 10 de agosto de 2012
Huracán
Érase una tristeza
hecha huracán
tan enrabietado
que enamoró a su ojo.
Érase el mismo huracán
ya calmado,
tan desaparecido
que mató a su ojo.
hecha huracán
tan enrabietado
que enamoró a su ojo.
Érase el mismo huracán
ya calmado,
tan desaparecido
que mató a su ojo.
Otoño
Ahora que no volverás
has hecho de este sitio otoño,
de mis pelos hojas caducas,
de mis brazos ramas
que al suelo dan a parar.
De mi cuerpo has hecho calle,
y tus caderas hacen de farola
y me alumbran
o sombras dan.
Ahora que no volverás
todo este otoño vino con su frío
y tu aliento ¡qué aliento!
ojalá fuese el dulce, chirriante viento
e hiciera de mis aceras
y piel
escultura que tu aire pule.
Ahora que no volverás
has hecho del otoño eternidad:
mantendrás este triste, feo marrón,
con su triste imagen y figura
un paisaje perenne: soy otoño.
Pero así consigo habitarte.
¡Y rabio! ¡Cómo no voy a rabiar!
Cómo puedo habitar en la eternidad
yo, sagrado otoño, si no tiene cifra,
si la eternidad no puede encerrarse,
pero si dar forma: tus ojos
marrones, como el otoño,
y tu otoño se lo concediste a él:
moreno,
como tu otoño o eternidad: tus ojos.
Ahora, postergado,
solo estoy destinado, abandonado,
a recluirme en el frío de tu invierno,
tu adiós de ahora.
Ahora que no volverás.
Ahora que tu otoño
es su piel
y sus hojas caducas
tu cabello
en su torso desnudo.
has hecho de este sitio otoño,
de mis pelos hojas caducas,
de mis brazos ramas
que al suelo dan a parar.
De mi cuerpo has hecho calle,
y tus caderas hacen de farola
y me alumbran
o sombras dan.
Ahora que no volverás
todo este otoño vino con su frío
y tu aliento ¡qué aliento!
ojalá fuese el dulce, chirriante viento
e hiciera de mis aceras
y piel
escultura que tu aire pule.
Ahora que no volverás
has hecho del otoño eternidad:
mantendrás este triste, feo marrón,
con su triste imagen y figura
un paisaje perenne: soy otoño.
Pero así consigo habitarte.
¡Y rabio! ¡Cómo no voy a rabiar!
Cómo puedo habitar en la eternidad
yo, sagrado otoño, si no tiene cifra,
si la eternidad no puede encerrarse,
pero si dar forma: tus ojos
marrones, como el otoño,
y tu otoño se lo concediste a él:
moreno,
como tu otoño o eternidad: tus ojos.
Ahora, postergado,
solo estoy destinado, abandonado,
a recluirme en el frío de tu invierno,
tu adiós de ahora.
Ahora que no volverás.
Ahora que tu otoño
es su piel
y sus hojas caducas
tu cabello
en su torso desnudo.
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