domingo, 30 de septiembre de 2012

El grillo y la cama.

Te viniste aquella noche
con el grillo entre los ojos.
Serena, dulce,
tranquila,
enardecida, hermosa...
la noche te escuchaba.

Engalanaste tus labios
con el licor que el desenfreno lleva,
y mis oídos con el gemir
de cuando las sábanas aprietan,
cuando la cama tiembla
y me queda pequeño el beso.

Te tracé en la espalda un mapa
invisible
y por tanto también
imborrable.

Hendiste tus uñas hasta que nuestros cuerpos
como nortes y sures que se buscan
fueran uno:
con dos lenguas,
que apasionadas se buscaban;
con cuatro ojos,
que se abrían y querían;
con un grillo en ellos.

Nuestras caderas tomaron rienda suelta
y bailaron.
Tu parsimonia haciéndome el amor
me desbocaba:
ansiaba con que mis olas
en tu playa
una y otra
y otra
y
otra vez
golpearan, uniendo mar y arena
y el grillo y la cama.

Quedamos los dos recluidos
a rescoldos de un fuego de horas.
Ebrios de amor, sobrios de fuerzas.
En tu pelo, catarata castaña,
mis manos se acurucaron
como dos pájaros y su nido.
Y tu grillo cantó más:
qué tranquilidad, qué gozo.

Y entonces
como si una conquista hubiese hecho
como si el incesante goteo de nuestros cuerpos
diese un resultado
tu grillo me dijo
te quiero.

miércoles, 12 de septiembre de 2012

lunes, 13 de agosto de 2012

Adiós

"Me refiero a ti como acabose o principio del mismo. No preguntes que hoy no sabría hablar, ni cifrarte, ni cuadrarte, ni rimarte, ni mirarte, ni mirarme. Lo que digo es que la vida no me dio elección alguna, ni siquiera oportunidad para hacerte llegar el mensaje de todos mis horizontes, y que si la tuviera no la desperdiciaría mezclando letras, te llevaría directamente a mi horizonte. O quizá él acudiría a ti, al horizonte de tu cintura donde día y noche se suceden al mismo tiempo. Terriblemente el adiós es una quimera oxidada, pero igualmente viva. Adiós tengo que decirte porque no callo cuando no me hallo, cuando de una manera que no comprendo me resbalo en tu pelo que acaba donde comienza el estrecho de tu cuerpo. El adiós es quimérico, pero necesario. El adiós es miedo, y en su verbo temer. Necesito vivir sin preguntarme por qué pieles habitas, por qué mares te pierdes. Necesito vivir, quizá se reduzca a eso, a vivir -hermoso verbo-. Necesito no hacerte escritura, intentar derribar el tabique que sostiene todos mis pensamientos. Necesito dejar mis ecos, que son tuyos, y las palabras mías, que las posees. Siempre serás el cuerpo donde golpearé con mis anhelos, y yo quizá su sombra."

viernes, 10 de agosto de 2012

Huracán

Érase una tristeza
hecha huracán
tan enrabietado
que enamoró a su ojo.

Érase el mismo huracán
ya calmado,
tan desaparecido
que mató a su ojo.

Otoño

Ahora que no volverás
has hecho de este sitio otoño,
de mis pelos hojas caducas,
de mis brazos ramas
que al suelo dan a parar.
De mi cuerpo has hecho calle,
y tus caderas hacen de farola
y me alumbran
o sombras dan.
Ahora que no volverás
todo este otoño vino con su frío
y tu aliento ¡qué aliento!
ojalá fuese el dulce, chirriante viento
e hiciera de mis aceras
y piel
escultura que tu aire pule.
Ahora que no volverás
has hecho del otoño eternidad:
mantendrás este triste, feo marrón,
con su triste imagen y figura
un paisaje perenne: soy otoño.
Pero así consigo habitarte.

¡Y rabio! ¡Cómo no voy a rabiar!
Cómo puedo habitar en la eternidad
yo, sagrado otoño, si no tiene cifra,
si la eternidad no puede encerrarse,
pero si dar forma: tus ojos
marrones, como el otoño,
y tu otoño se lo concediste a él:
moreno,
como tu otoño o eternidad: tus ojos.
Ahora, postergado,
solo estoy destinado, abandonado,
a recluirme en el frío de tu invierno,
tu adiós de ahora.
Ahora que no volverás.
Ahora que tu otoño
es su piel
y sus hojas caducas
tu cabello
en su torso desnudo.

martes, 31 de julio de 2012

Sueños de una noche de verano.

Hoy me desperté
y mi cuerpo se hizo frío.

He soñado toda la noche
que naufragaba
anegado a tus olas:
tus caderas;
pero no encontrando tus orillas:
cada palmo de tu piel.

Hoy me desperté
y mi cuerpo se hizo ruinas.

Te nostalgié lo indebido,
te miré lo no permitido,
incluso me sonreíste.
Quién inventase los sueños
hoy sé que no es de fiar.

Hoy me desperté
y deje de ser para serte.

Dejé de verte
como destino,
ruta
paraíso,
te hice más humana,
y dañina también.
Y te vi
pero te desapareciste
como los sueños.

viernes, 13 de julio de 2012